Además de servir como hogar para el manatí antillano, la mariquita, la boa puertorriqueña, varias especies de tortugas marinas, y otras importantes creaturas en peligro de extinción, este espacio contiene el segundo bosque de mangle más grande de Puerto Rico. Cuenta con una playa de oleaje tranquilo, ideal para toda la familia y para los alérgicos al sol, ya que cuenta con áreas de sombras en toda su costa.
Además de servir como hogar para el manatí antillano, la mariquita, la boa puertorriqueña, varias especies de tortugas marinas, y otras importantes creaturas en peligro de extinción, este espacio contiene el segundo bosque de mangle más grande de Puerto Rico. Cuenta con una playa de oleaje tranquilo, ideal para toda la familia y para los alérgicos al sol, ya que cuenta con áreas de sombras en toda su costa.