
Enrique Marrero Guzmán lleva décadas convirtiendo su casa en Juana Díaz en un portal hacia Belén. Todo comenzó en su infancia, cuando sus padres montaban el árbol navideño con un pequeño nacimiento debajo. “Desde pequeño, yo tenía la habilidad de bregar con hacer casas, de dibujar y tal”, recuerda.
Lo que empezó como un modesto pesebre fue creciendo año tras año: primero ocupó una mesa, luego el balcón, hasta expandirse a la marquesina donde hoy se extiende a lo largo de 45 pies por 12 de ancho. Marrero fabrica personalmente las casas —las pequeñas en cartulina gruesa, las grandes en madera y yeso— y crea réplicas meticulosas de templos y palacios que extrae de libros de historia y de la Biblia.

Enrique Marrero Guzmán lleva décadas convirtiendo su casa en Juana Díaz en un portal hacia Belén. Todo comenzó en su infancia, cuando sus padres montaban el árbol navideño con un pequeño nacimiento debajo. “Desde pequeño, yo tenía la habilidad de bregar con hacer casas, de dibujar y tal”, recuerda.
Lo que empezó como un modesto pesebre fue creciendo año tras año: primero ocupó una mesa, luego el balcón, hasta expandirse a la marquesina donde hoy se extiende a lo largo de 45 pies por 12 de ancho. Marrero fabrica personalmente las casas —las pequeñas en cartulina gruesa, las grandes en madera y yeso— y crea réplicas meticulosas de templos y palacios que extrae de libros de historia y de la Biblia.