Así es vivir en una cooperativa de vivienda: costos bajos, reglas y vida en comunidad
Imagina que se te daña el inodoro y, en lugar de llamar a un plomero privado, viene un handyman contratado por tu comunidad que solo te cobra la pieza por la reparación.
O que, mientras te recuperas de una cirugía, varios vecinos te llamen para preguntarte si comiste o si necesitas ayuda con algo. O vivir en un complejo donde la comunidad se organiza para sembrar en un huerto, lidiar con animales realengos o crear un fondo de emergencia para residentes que pierdan su empleo.
Así es vivir en una de las 13 cooperativas de vivienda activas en Puerto Rico: comunidades con reglas propias, servicios colectivos y costos más bajos que muchos alquileres en el área metropolitana. No se trata de un modelo perfecto —las listas de espera pueden durar años y existen estrictas normas de convivencia—, pero para quienes viven allí representa una alternativa de vivienda más accesible y comunitaria.
“En las cooperativas de vivienda se vive con calidad”, dijo a Platea Tibisay Andújar, administradora de la Cooperativa de Vivienda Ciudad Universitaria, en Trujillo Alto, y residente de la Cooperativa de Vivienda Jardines de San Ignacio, en San Juan.
¿Cómo es vivir en una cooperativa de vivienda?
En las cooperativas de vivienda los residentes son socios, pagan una aportación mensual y participan en decisiones sobre la comunidad mediante asambleas y juntas de directores. Muchas también ofrecen servicios compartidos y áreas comunes que se sostienen colectivamente.
La mayoría son edificios multifamiliares ubicados entre San Juan, Bayamón, Carolina y Trujillo Alto, con excepción de La Ceiba, en Ponce. Dan hogar a más de 8,000 residentes en 3,337 unidades de vivienda.

“La vida comunal en la cooperativa es lo más parecido a cuando yo me criaba en los setenta y en los ochenta en el barrio Cialitos Cruces de Ciales, donde los vecinos estamos pendientes de qué les sucede a nuestros vecinos, si necesitan algo”, dijo a Platea Iván Otero, presidente de la Comisión de Vivienda de la Liga de Cooperativas, residente de Ciudad Universitaria y fiel creyente del movimiento cooperativo.
Contó que, tras una operación de rodilla, “a mí no me faltó en mi apartamento un solo día donde yo tenía tres y cuatro socios llamándome si comí, llevándome sopitas… O sea, eso es vivienda cooperativa… Aquí todos somos como una familia”.
Existen dos modelos principales:
- Mancomunadas: el edificio pertenece colectivamente a la cooperativa y los socios tienen derecho de uso y ocupación.
- De titulares: los residentes tienen título de propiedad de su apartamento, aunque las áreas comunes siguen siendo colectivas.
¿Cuánto se paga y qué incluye?
En Ciudad Universitaria, que tiene dos edificios con 355 unidades, las mensualidades rondan entre los $380 y $397 para apartamentos de dos y tres habitaciones, según Andújar. Esto incluye:
- Cable TV
- Seguridad 24/7
- Cámaras de vigilancia
- Lavanderías
- Cisterna
- Generadores para áreas comunes
- Handyman para reparaciones menores
- Áreas recreativas y comunitarias
También tiene cancha bajo techo, pista para caminar, parque para niños, huerto comunitario, programa de reciclaje y pequeños comercios. Entre los residentes, se organizaron para trabajar con animales abandonados y tienen un fondo de ayuda para residentes en situaciones de emergencia, contó Andújar.
“Pagando trescientos y pico de dólares, máximo cuatrocientos dólares mensuales por estar en esa ubicación y por los servicios que ya te acabo de describir, eso no se consigue en ningún otro lugar”, dijo Andújar, quien también preside la Asociación de Administradores de Cooperativas de Vivienda.

En Jardines de San Ignacio, donde vive y la cual está entre las cooperativas de vivienda más grandes con más de 500 apartamentos en dos torres, las mensualidades rondan los $305 en unidades de dos habitaciones.
Cuenta con cancha, gimnasio al aire libre, huerto, lavandería, generadores, reciclaje y seguridad 24/7, entre otros servicios. También tiene un bosquecito que conecta con la Cooperativa de Vivienda Jardines de San Francisco.
En otras cooperativas, los servicios e instalaciones pueden ser distintas y los precios también pueden variar.
¿Cómo se entra a una cooperativa de vivienda?
Este puede ser uno de los puntos más complejos: para entrar a una cooperativa de vivienda “la espera es de años”, dijo Andújar, quien estuvo en una lista de espera por más de dos años para entrar a Jardines de San Ignacio.
El proceso suele incluir:
- Lista de espera
- Evidencia de ingresos
- Certificado de buena conducta
- Verificación de crédito
- Entrevista con la Junta de Directores
Aportación inicial
Además, los nuevos socios deben hacer una aportación inicial conocida como equidad. Este es el nombre que lleva también la acumulación de la inversión del socio dentro del proyecto.
- Actualmente, esa cantidad puede rondar entre los $10,000 y $14,000, dependiendo de la cooperativa y el tamaño del apartamento.
“Ese dinero que tú depositas ahí (en la cooperativa), que es tuyo, que no es de la cooperativa, es tuyo”, explicó Otero. Si dejaras la cooperativa, ese dinero se te devuelve, en el caso de las cooperativas mancomunadas.
También, cada mes debes pagar la mensualidad que corresponda por los servicios de la cooperativa donde vives. Y ese dinero se reparte para el pago de servicios, empleados, seguridad y fondo de reservas para reparaciones y otros.
En el caso de las cooperativas de titulares, la aportación inicial de muchos de los socios se convirtió en el dinero con el que adquirieron su título de propiedad.

¿Cómo se sostiene la convivencia y qué pasa si faltas a las reglas?
Cada cooperativa de vivienda tiene sus propios reglamentos internos y normas de convivencia social, discutidos y aprobados colectivamente, de la misma forma en que se manejan muchas de las situaciones internas.
Algunas limitan el consumo de alcohol en áreas comunes, establecen horarios para remodelaciones o requieren permisos antes de realizar cambios estructurales en los apartamentos.
“Nos ayuda a mantener una comunidad de orden, una comunidad de respeto”, dijo Andújar.
Las cooperativas también tienen procesos disciplinarios que pueden incluir advertencias, probatorias o expulsiones en casos graves, aunque ambos entrevistados aseguran que estas situaciones son poco comunes. Pero aún así, si estás en una cooperativa mancomunada, se te devuelve la equidad y siempre podrás reclamar ante un tribunal.
“Una de las causas por las que puedes dejar de vivir en la cooperativa es la morosidad (deudas)… Si nosotros dejamos que la morosidad sea muy alta, pues no vamos a poder pagar los servicios que recibimos”, explicó Andújar.
Posibilidad de crecimiento del modelo cooperativo
Para Andújar, el que haya largas listas de espera en las cooperativas de vivienda activas demuestra que el sistema sigue funcionando décadas después de su creación y que todavía podría expandirse, no solo por ser una opción de vivienda asequible sino por la vida en comunidad.
“A mí me encantaría que tuviéramos más espacios, no solamente que la gente se tenga que limitar a las 13 cooperativas que hay en este momento porque estamos completamente llenos, sino que el gobierno pueda desarrollar más cooperativas de vivienda”, sostuvo.
Pedido al gobierno
En marzo, Andújar fue invitada por la gobernadora Jenniffer González a formar parte del Consejo Permanente de la Mujer, compuesto por 140 mujeres del servicio público, la empresa privada, entidades sin fines de lucro y la academia. El propósito es asesorar a la gobernadora en temas como la vivienda, la salud y la economía desde ocho grupos de trabajo y con una óptica femenina.
“Nos apuntamos en el Consejo de Vivienda y estamos en la espera de esa llamada de parte del gobierno para trabajar, que es un trabajo totalmente voluntario, con el simple deseo de que se desarrollen estas cosas (el modelo cooperativo) tanto para nuestros envejecientes como para que los jóvenes que queden en Puerto Rico tengan una vivienda accesible y de calidad”, dijo Andújar en mayo.
Foto de portada: Captura atriumpr.net



