Flores cultivadas en la finca Trama Antillana + Enlace Tres Vidas en Aibonito
Qué saber

Hilar, teñir y cosechar: un recorrido por Trama + Enlace Tres Vidas en Aibonito

Por Mariana Betancourt

El color es una sensación visual, pero en la finca de Trama + Enlace Tres Vidas en Aibonito es la esencia de todo lo creado. Se dedican al cultivo de flores y vegetales, a la creación de pigmentos, pero también a sostener una tradición profundamente artesanal, como la de hacer hilo de algodón con las propias manos, oficio de Beatriz Lizardi Casiano, la hilandera del proyecto.

En esta finca de seis cuerdas el azul es índigo y el amarillo, marigold. El anaranjado proviene de una flor que se llama cosmos, y el rojo, de una raíz.

Suena demasiado poético para ser real, pero es un legado material creado por Leila Mattina, una artista graduada del Departamento de Pintura de la Escuela de Artes Plásticas de Puerto Rico (2014) que encontró el hogar para desarrollar pasión por los colores en la agricultura.

En 2017 se sumó al programa de El Josco Bravo, buscando crear, según explica a Platea, “un espacio donde uno pueda conectar con los textiles, el arte y la naturaleza”. Junto a su equipo compuesto por Edwin Rosario, Leonardo Laboy y Beatriz Lizardi, ha hilado y deshilado hasta encontrar la trama perfecta: una finca que combina cultivos, laboratorio y tienda. El espacio representa la heterogeneidad de sus pasiones, que se resumen en lo que ella misma nombró como “brujería científica”.

Caminar por los surcos del terreno genera el mismo placer sensorial que entrar a un museo. Este reportaje hace un recorrido que hila la historia de la finca con cada una de sus secciones.

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Los cultivos

La finca ocupa un terreno alquilado a Para la Naturaleza, junto al Cañón San Cristóbal y solía ser una finca de tabaco. En Trama, la temporada determina los cultivos. El verde intenso del brócoli y el repollo domina en invierno, mientras que el rojo y el morado llegan en verano con los tomates y las berenjenas. “Cada temporada del año vamos cambiando”, explica Mattina, y aclara que todo se cultiva sin químicos, de forma completamente agroecológica.

Surcos de vegetales de hoja verde cultivados en la finca

Entre los cultivos, encontrarás:

  • Repollo
  • Brócoli
  • Coliflor
  • Tomates
  • Berenjenas
  • Rábanos
  • Remolacha
  • Maíz dulce

Entre los surcos también crecen las flores:

Toca cada flor para conocerla

Producto de calidad a un precio justo

La filosofía de Trama + Enlace Tres Vidas trasciende la venta de la cosecha propia. Cuando un agricultor del área tiene huevos o guineos sin dónde venderlos, los reciben y los venden, “siempre pagando al precio que el agricultor quiere, nunca diciéndoles lo que su producto cuesta”, enfatiza Mattina.

@enlacetresvidas
Publicación de Enlace Tres Vidas: vegetales y flores de la finca

Gracias por el apoyo a través de los años y a todas las personas que se van sumando. Si te interesa conseguir nuestros vegetales frescos o flores, visítanos en la finca o escríbenos un mensaje! Nos pueden visitar de miércoles a viernes de 8am a 3pm. @trama_antillana

Ver en Instagram

El espíritu comunitario se extiende a los mercados donde venden, como en La Marina Farmer’s Market. El sentido de comunidad entre agricultores es, para ella, uno de los mayores logros del auge reciente de mercados agrícolas en la isla.

En la tierra de seis cuerdas trabajan apenas tres personas sin maquinaria pesada, y quizás por eso, para ella, la relación con la tierra es tan cercana:

No podemos exigirle tanto cuando la tierra es lo que nos da comida, nos viste, nos da techo, nos da lluvia, agua, o sea, nos da todo lo necesario, y en un momento como que siempre estamos exigiendo, y pues me ha enseñado a centrarme y coger las cosas con calma.
Leila Mattina, fundadora de Trama Antillana

De este terreno sale la materia prima de todo lo demás. Sigamos hacia el laboratorio, donde esas flores se convierten en color.

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El laboratorio de colores

Bienvenidos al cuarto donde las flores se secan y se convierten en pigmentos.

Esta esquina colorida surge de una necesidad que Mattina notó hace años. Menciona como ejemplo que a veces entramos a tiendas de arte sin saber de dónde provienen los materiales, una experiencia que ella misma tuvo como artista. “Hacía falta un espacio donde uno pudiera ver de dónde vienen las materias”, dice. El proceso aquí es artesanal y los pigmentos se venden en potes de vidrio, en cantidades de apenas 15 a 20 gramos.

La paleta natural

Del marigold

Amarillo

Los pétalos solos producen un tono puro. El tallo y la hoja lo oscurecen hacia un mostaza; el hierro lo profundiza aún más.

Del cosmos

Anaranjado

Una flor que se cosecha en la finca casi todo el año.

De la rubia tintórea

Rojo

Una raíz que tarda hasta cuatro años en madurar. Originaria de Europa, aquí crece bajo el calor caribeño.

Del índigo

Azul

Se obtiene mediante un proceso de fermentación y oxigenación.

En la finca usan los tintes en sus propios productos como hilos, pañuelos y medias, pero también, según Mattina, “hay diseñadoras que se contactan con nosotros porque quieren hacer sus productos completamente en Puerto Rico, entonces trabajan con tintes naturales y nosotros se los suplimos a ellas”.

Sin embargo, el color no es la única fibra que nace en esta finca. A pocos pasos del laboratorio está la zona de hilar, donde una planta blanca se convierte, hebra por hebra, en tela.

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Zona de hilar

El algodón fue un desarrollo importante en la historia agrícola de la isla. Durante la Guerra Civil estadounidense, entre 1861 y 1865, el cultivo se convirtió en una opción de exportación rentable, impulsado por la escasez de materia prima que disparó la demanda en el mercado internacional. Así lo documenta la historiadora Soraya Serra Collazo en su libro “El otro ‘oro blanco’: La producción de algodón en Puerto Rico, 1840-1880” de Los Libros de la Iguana (2021).

Según su investigación, ese conflicto marcó el momento de mayor auge para la industria algodonera puertorriqueña. La Hacienda Esmeralda, ubicada en Santa Isabel, fue uno de los centros de producción más documentados de esa etapa, y el fenómeno también conectó a Puerto Rico con mercados como Inglaterra y Cataluña (Barcelona).

Sin embargo, el auge fue pasajero. Serra Collazo señala que, para principios del siglo 20, el destino de la industria ya estaba definido. Entre 1898 y 1926, observadores estadounidenses que visitaron la isla como parte del desarrollo de la relación entre Puerto Rico y Estados Unidos evaluaron el potencial del algodón y terminaron por devaluarlo, lo que selló el fin de esa industria como renglón agrícola importante.

Capullos de algodón en la finca

Rescatar la producción de algodón en la isla es lo que hoy inspira al equipo de Trama Antillana. El trabajo manual de hilar mantiene un sueño más grande. Mattina imagina una cooperativa textil puertorriqueña con maquinaria propia, capaz de sostener la producción en distintos pueblos a la vez.

Yo le doy unas semillas verdes a una finca en Toa Alta y le doy semillas de algodón marrón en Ciales, y entonces aquí en Aibonito tenemos semillas de algodón blanco.
Leila Mattina

Variedad de algodones

Algodón verde

Algodón marrón

Algodón blanco

140 gde algodón tras más de tres horas de trabajo colectivo
18 hpara hilar una madeja de 50 gramos de principio a fin

El proceso

Convertir el algodón en hilo toma más tiempo del que cualquiera imaginaría. Un ejemplo claro fue el día en que voluntarios de El Josco Bravo participaron en una Brigada Nacional en Trama + Enlace Tres Vidas. Entre cuatro y ocho personas desmontaron algodón por más de tres horas seguidas, separando la fibra de la semilla a mano. “Al final, solamente desmotamos 140 gramos de algodón”, cuenta Beatriz Lizardi, hilandera del proyecto. “Una camisa medium, una t-shirt, pesa 140 gramos”, añadió.

“Hilar una madeja de 50 gramos de algodón toma como 18 horas, de principio a fin”, explica. Por eso venden su hilo una única vez al año, durante el Festival de las Flores que se celebra en junio.

La flor

El algodón nace en una flor blanca que, al polinizarse, se torna violeta, se cierra y cae. En su lugar crece el capullo, verde al principio, que va madurando hasta que se seca, se abre y finalmente revela la fibra. En la finca siembran tres tipos, blanco, marrón y verde, uno por cada color, y solo una vez al año, para que no se crucen entre sí.

El hilo, los pigmentos y los cultivos llegan juntos a la última parada: la tienda.

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Tienda

Los colores de las flores, tintes y cultivos salen de la finca para encontrar a sus clientes.

Puedes comprar vegetales, flores y tintes en La Marina Farmer’s Market, el agromercado de San Juan, y el mercado agrícola de la montaña en Aibonito. También por chat semanal, con entregas los jueves en San Juan, o directo en la finca de martes a sábado.

Puedes coordinar flores para bodas y eventos contactando a través de Instagram.

Pañuelos de varios colores teñidos naturalmente y colgados en una pared
Caja con pequeños frascos de pigmentos naturales
Madejas de hilo y pequeños frascos de pigmentos sobre una mesa

La finca también da talleres de hilo, estampado botánico y extracción de índigo y recibe con frecuencia visitas escolares, voluntariados y pasantías. Adentro hay una biblioteca de agroecología y textiles abierta al público. El espacio también sirve para retiros de empresas y artistas que buscan un lugar distinto para desconectar. Puedes enterarte de los próximos talleres en sus redes sociales.

Fin del recorrido

La ruta sigue.

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