La primera vez que Johnsueiris Dávila Escalera, de 16 años, escuchó su voz en un estudio de grabación profesional, no podía parar de sonreír. “Fue muy diferente porque nunca me había escuchado a mí cantando en un micrófono y verme en un estudio, me sentí muy feliz, muy orgullosa de mí”, contó la joven loiceña a Platea.
No solo fue la experiencia de pararse frente al micrófono en la cabina de grabación. También compuso parte de las letras de la canción, encontró su tono de voz y entendió que una producción musical requiere mucho más que un cantante: se trata de todo un equipo de trabajo que va desde compositores hasta productores, sonidistas, músicos y más.
¿Por qué es importante? Johnsueiris fue una de los 28 participantes de la tercera parada de La Academia Móvil — Vagón Estudio de la Fundación Rimas, en alianza con Spotify, que pasó cuatro días en la sede del Boys & Girls Clubs de Puerto Rico en la comunidad Miñi Miñi de Loíza. La iniciativa ha impactado a casi 90 niños y jóvenes de Caguas, Salinas y Loíza, y busca acercar la industria musical a la infancia y la juventud boricua con el propósito de inspirarlos a soñar en grande.
“No puedes soñar lo que no conoces”, dijo a Platea Yamira Flores Rodríguez, directora de Programas de Fundación Rimas.
Cuando tú los expones, cuando tú les muestras que no solamente está el artista, pero hay un ecosistema completo detrás de ese artista y donde algunas personas pueden ver un estudio, nosotros podemos ver exposición directa al STEM, a coding, a programación, a computadoras, todo un mundo completo se les abre y creo que el valor de eso muchas veces lo subestimamos.
Jóvenes loiceños cuentan cómo fue entrar a La Academia Móvil
Aunque los loiceños nacen con el ritmo por las venas y en muchas casas retumba la bomba de los hermanos Ayala, el Afro-Rican Jazz de William Cepeda y el tumbao de La Tribu de Abrante, para muchos este fue su primer acercamiento profesional a la música.
Y lo hicieron en un espacio muy particular: un estudio de grabación sobre ruedas y de la mano del músico Marcos Sánchez, productor de artistas como Luis Fonsi, Kany García y Ednita Nazario.
Para Neomarys Pizarro Otero, de 15 años, la experiencia significó enfrentarse a algo que no había hecho nunca: cantar. “Me emocioné porque me gustó cómo me escuché, pero me sentí nerviosa al principio”, contó.
Luego, se dejó llevar y hasta quisiera repetir la experiencia. “Me ha inspirado a que hay que perder el miedo y que todo se hace posible, que hay que tener en cuenta que no todo es fácil”, sostuvo la joven.
Jeydriel Sanjurjo Calcaño, de 16 años, llevaba tiempo escribiendo y posteando en redes sus textos, pero la experiencia lo inspiró a “desarrollar más mi escritura” y a seguir aprendiendo a hacer pistas y adentrarse más seriamente en la industria musical en ritmos como Detroit trap y rap.
Alexnier Pérez Osorio, de 14 años, también escribía como pasatiempo, pero le gustó la experiencia de componer en equipo. Cuando se escuchó por primera vez, “no pensé que ese era yo. No me escuchaba, sentía que no me escucho igual, pero me emocionó mucho”, dijo.
El más experimentado de todos era Roger Guerra, de 17 años, quien se define como cantautor. Había estado en un estudio de grabación y ya sube a redes sociales sus composiciones de R&B, trap, Afro Beats, dancehall y reggaetón.
“Acho, fue real, duro, duro. Aprendí muchas cosas también. Yo ya sabía un poquito del tema, pero me inculqué más. Me eduqué un poquito más”, contó. “Es bueno porque te desarrollas más como artista, aprendes cosas nuevas y es lo bueno de la Academia”.
Más allá de la música. Además de participar del Vagón Estudio, los jóvenes trabajaron habilidades socioemocionales, apreciación del arte, cultura loiceña y tuvieron hasta un taller de dominó, así como un taller con Platea sobre cómo contar historias.
¿Cómo funciona La Academia Móvil de Fundación Rimas?
“La Academia Móvil quiere llegar a todo Puerto Rico. Queremos ir a cada uno de los 78 municipios de Puerto Rico”, contó Flores Rodríguez, directora de Programas de Fundación Rimas.
Al momento, las tres primeras paradas se han seleccionado “a través de criterios de vulnerabilidad” de las comunidades. La Fundación se acerca a organizaciones sin fines de lucro que ya trabajan en las zonas y fortalecen sus ofrecimientos mediante alianzas. “No venimos a inventar la rueda, sino que venimos a fortalecer lo que está pasando en estas comunidades”, dijo.
Misión de La Academia Móvil. “Nuestra misión es inspirar a la próxima generación de líderes a través del arte, la música y el deporte”, sostuvo Flores Rodríguez. La forma de hacerlo es apostar “al poder de esas tres áreas para cambiar la vida de nuestros jóvenes”, exponiéndolos a experiencias que quizás nunca habían tenido.
Aunque pequeño, el Vagón Estudio cuenta con computadoras, teclado, audífonos, una mini cabina de grabación, micrófonos y programas para producir música. También tiene imágenes de las producciones de Marcos Sánchez y carátulas de varios discos de Bad Bunny, Héctor Lavoe y otros artistas boricuas.
No importa donde nosotros estamos, cuando entran a este espacio se desconectan, como dicen ellos, el vibe es distinto, los colores, todo está hecho para fomentar una conversación alrededor de la música.
Flores exhortó a las organizaciones sin fines de lucro que trabajan con comunidades que no ha sido impactadas que se comuniquen con la Fundación, si desean recibir una visita del Vagón Estudio. “Estén pendientes porque por ahí puede estar la Academia cerca de ti”, dijo.
¿Qué es Boys & Girls Clubs de Puerto Rico?
En esta ocasión, Fundación Rimas hizo una alianza con Boys & Girls Clubs de Puerto Rico, que lleva desde el 2011 trabajando en la comunidad de Miñi Miñi en Loíza con jóvenes de 6 a 18 años con sus programas extraescolares de 3:00 p.m. a 8:00 p.m.
La organización tiene clubes alrededor del archipiélago e “impacta anualmente a más de 19,500 niños, niñas, jóvenes y miembros de la comunidad, incluyendo adultos”, contó a Platea Alma Frontera, presidenta de Boys & Girls Clubs de Puerto Rico.
El asegurar que trabajamos con la parte académica, que es uno de nuestros pilares fundamentales, con el tema de prepararlos para el futuro, para la vida, para esa carrera universitaria, para quien quiera impulsar o incluirse en el tema de conseguir un trabajo en la fuerza laboral formal.
Con una matrícula de $40 por todo el año —hay becas disponibles para quienes no pueden pagarla—, los clubes ofrecen tutorías, talleres para prepararlos para la vida universitaria o el ambiente laboral, bellas artes, deportes y más. También ofrecen comidas y meriendas.














