Seis productores que apuestan por el valor de la carne hecha en Puerto Rico

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Más de 50,000 boricuas ya empiezan así el día

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¿Qué está pasando? Competir por precio contra la carne importada no es viable, y un grupo de productores locales lo tiene claro. Su apuesta va por otro lado: calidad, frescura y mercados nuevos.

El panel «Producir, procesar y distribuir carne en Puerto Rico» en el C3tec de Caguas.

Zoom in. El 86% de la carne que consumen los boricuas proviene de Estados Unidos, según el reporte “Carne nuestra de cada día” (2026) del investigador Yamil Corvalán Santiago. Solo el 7.75% de la res y el 3% del cerdo se producen localmente.

¿Por qué es importante? Si compras carne en Puerto Rico, la decisión entre producto local e importado afecta directamente tu plato. La carne local no viaja semanas en barco ni llega congelada. Y en algunos casos cumple estándares que el importado no garantiza, como la crianza sin antibióticos ni hormonas que certifica Pollos To-Ricos.

La calidad antes que el precio

La razón está en los números. Ángela Padilla, de Pollos To-Ricos, señaló que el pollo importado llega a 95 centavos la libra, mientras el local cuesta alrededor de $1.50. El costo de energía es el obstáculo más inmediato para el sector avícola, así que la apuesta se concentra en la calidad y el valor añadido.

El pollo de To-Ricos no se congela, cuenta con certificación de crianza sin antibióticos ni hormonas y el control de la incubación les permite garantizar la bioseguridad del animal. “La diferenciación del producto del pollo es lo que hace que nos mantengamos todo el tiempo vigentes”, señaló Padilla.

Rosa Martínez, de Katahdor, tomó un camino similar con el cordero. En lugar de pelear por precio, invirtió en educación al consumidor. “Hemos creado una cultura de consumo para ese producto premium”, dijo Martínez. Las razas que se crían en Puerto Rico son de pelo, con un sabor más suave que las importadas, y llegan frescas al plato, sin semanas de tránsito.

La frescura es también la carta de presentación de Roselyn Hernández, del Fondo de Res. Su proyecto de trazabilidad crea un sistema de seguimiento del animal desde que nace hasta que se vende, para demostrarle al consumidor exactamente de dónde viene la carne que llega a su mesa. Desde Las Finqueras, abre su finca en Río Grande al público el primer sábado de cada mes para una venta directa de cortes de res.

Los que crearon su propio mercado

La historia de la carne local en Puerto Rico no es solo la de quienes resisten en un mercado competitivo. Es también la de quienes decidieron crear uno nuevo.

Néstor Maldonado, de La Ceba, identificó que criar cerdo para lechonera no les daba el rendimiento económico que buscaban. La apuesta fue producir un cerdo de corte de 250 libras, con capacidad de grasa fina, que abrió las puertas al mercado de food service. Hoy, alrededor de 20 restaurantes reconocidos en la isla sirven chuleta La Ceba. Y “cuando se alineen las condiciones”, planean añadir 150 cerdos más a su operación.

Óscar Torres vio que el conejo que llegaba a Puerto Rico venía de China y tardaba semanas. El fundador de Conejera Rabitos apostó por la producción local de un animal limpio y saludable, y construyó su propia cartera de clientes. “Lo que funciona es lo que uno se atreve a hacer”, dijo.

Retos y oportunidades

Hace falta más producción. Para Martínez, hace falta más agricultores dispuestos a entrar al negocio con un plan serio y mayor atención gubernamental al problema de la seguridad alimentaria. También señaló la falta de acceso directo a los mataderos para los agricultores como un obstáculo concreto.

En el sector porcino, el reto es la estandarización. Maldonado explicó que en Puerto Rico no existe una industria formal del cerdo, solo productores individuales con prácticas dispares. Formalizar eso, dice, es la oportunidad.

Más alianzas. Los seis panelistas coincidieron en que el futuro de la producción cárnica local es posible, pero requiere más jugadores, más presencia en supermercados, más alianzas con el sector gastronómico y, según Torres, un empuje real en mercadeo. “Lo que no se anuncia no se vende”, concluyó Torres.