Hero Jean y ValerieMariana Betancourt
QUÉ COMER

Un sueño tejido a mano: Jean Cintrón y Valerie Rivera abren Café de la Vieja

Mariana Betancourt

En la Calle Cerra en Santurce hay un oasis de café y ternura, que refleja la identidad del diseñador cayeyano Jean Cintrón y el espíritu hogareño de la empresaria Valerie Rivera. Juntos convirtieron el #615 de la Cerra en una casita donde no falta la comida y sobran los detalles, repartidos como caricias por cada rincón: el café llega en una taza de cerámica floreada y los manteles del desayuno llevan el bordado de Jean. 

Interior Café de la Vieja
Patio Café de la Vieja
Ambiente Café de la Vieja

El diseñador cuenta a Platea que la colaboración “ha sido como una conexión inmediata. Yo creo que de mirarnos ya sabemos lo que nos gusta”.

Café de la Vieja, dice Valerie, “es ideal para sentirte como en tu hogar. Ese es el sentimiento que queremos, ese abrazo de la vieja, que puede ser tu mamá, tu vecina, tu tía, tu hermana”.

Qué mejor que honorar a una abuelita, en este caso a nuestra abuelita, en este tipo de espacio donde la gente pueda sentir ese mismo amor, que se puedan sentir igual, el que la tenga o no la tenga
Jean Cintrón

Al entrar, lo más que sorprende es la curaduría, que responde a un gusto cuidado, no ostentoso,  que llega hasta el uniforme de las baristas, quienes llevan vestimenta confeccionada por el diseñador en encajes y telas que usa para sus vestidos. El café opera con un equipo de cuatro empleadas y nació de una inversión que supera los $100,000.

Una mesa sin prisa

Frente a la inmediatez de la contemporaneidad, el espacio propone lo contrario: quedarse, alargar el desayuno, dejar que la mañana se estire. La hospitalidad se extiende hasta el estacionamiento, donde caben al menos 20 carros.

El local tiene dos espacios principales: la terraza, luminosa, que respira con ventilación natural y el interior, que es el Salón de Elba, bautizado en honor a la abuela de Valerie: romántico, con lámparas estilo Tiffany, luz tenue, texturas rayadas y almohadas cuyas fundas cosió el diseñador.

Entre sus paredes hay fotos de Elba y el padre de Valerie ya tiene su ritual: “él viene y se toma su cafecito ahí sentadito con ella, como él dice”. 

Aquí, la nostalgia se mezcla con una sensibilidad atemporal y el resultado es una atmósfera que Jean explica así: “yo soy una persona que me gusta sentir. En cada espacio que tú entras, vas a notar desde cómo huele, cómo se escucha, la iluminación, todos esos elementos son súper importantes”. 

Valerie Marie
Café de la Vieja Martini

Desde temprano en la mañana, la barra ya está abierta. Entre los cócteles, está el “Café de la Vieja Martini”, un espresso martini, y el “Valerie Marie”, el cóctel de la casa, que lleva el nombre que Jean  llama a su amiga. “¿Qué mejor que hacer el martini a nombre de ella?", dice el diseñador. Para quien prefiere algo más ligero, hay prosecco, Hugo Spritz y mimosas con jugos naturales de china, parcha y acerola.

Flower Bar

Flower Bar. En la entrada, en lo que llaman “el jardín”, vive el Flower Bar: un rincón donde el cliente puede comprar flores y armar su propio ramo. Las flores son la obsesión de Jean, tanto en sus confecciones, como en su vida. Para él, “una simple flor, tú regalársela a alguien o tenerla presente, yo para mí, de manera personal, siento que te cambia el mood por completo”.

El menú.  Es sencillo a propósito. Las abuelas, explica Valerie, no eran de brunch elaborado, sino de “lo cotidiano, pero haciéndolo sentir elevado”. 

La crema del día cuesta $5 y el quiche del día, $6. Las tostadas, bautizadas como "Chancletazo", están a $3. El “Muñeco de porcelana”, un grilled cheese de tres quesos, sale a $6.75. El revoltillo con tostadas cuesta $12.99. Entre los platos con nombre de álbum familiar está “Los nietos”, que trae tostadas francesas con dos huevos, jamón y queso, a $14.99. Además hay pastelería, como un bizcocho de naranja con aceite de oliva, esponjoso y mojadito.

Cake Café de la Vieja

En la barra encuentras el café de Don Pello, de Ciales. Hay espresso, matcha y chai.

Mallorca Café de la Vieja
Café en Café de la Vieja
Wrap de revoltillo

Lo que debes pedir

  • El wrap de desayuno, favorito de Jean Cintrón: tortilla de espinaca con huevo revuelto, jamón y queso. $8.

  • La nena de abuela, favorito de Valerie Rivera: croissant glaseado con pavo y queso suizo. “Así me decía mi abuelita”, cuenta sobre el nombre del plato. Es dulce y salado a la vez, con un glaseado que para ella es “el toque perfecto”. $8.

Lo que viene. Por ahora, prefieren que la casa siga siendo pequeña y acogedora, pero siguen trabajando en como sumarle a la experiencia: en colecciones de merch por temporada, más accesibles que el atelier, con gorras y t-shirts,  cojines y  servilletas. “Ha gustado tanto que pues, obviamente, por qué no tenerlo para la venta”, dice Cintrón.

La historia de Café de la Vieja empezó hace diez años, al borde de una carretera. Valerie y su esposo, Nico, compraron su primer garaje de gasolina en la carretera vieja de Caguas a San Juan y de ahí nació el nombre. Entre tantos garajes, ellos querían que el suyo se sintiera distinto y la respuesta fue montarle un café.

Hero Jean y Valerie

La inspiración estaba en casa: “se ata con mis abuelitas que siempre tuvieron ese detalle del cafecito que te servían, de amor, de hogar y pues trajimos ese concepto al garaje”, recuerda Valerie. Hoy son tres locales dentro de estaciones de gasolina –en Caguas, Montehiedra y la avenida Lomas Verdes– siendo este local en la Calle Cerra  su cuarto establecimiento. 

Hacerlo con amor. Abrir un negocio hoy no es fácil y ellos lo saben, pero el diseñador insiste en “hacer las cosas con tiempo y hacerlas con amor”. Valerie añade que “cuando tú haces las cosas con amor y con atención al detalle, hoy en día te hace un poquito diferente”.

Cuando les preguntaron qué dirían sus abuelas al cruzar la puerta, a Valerie se le aguaron los ojos. Cintrón habló de las raíces: “siempre es muy importante saber de dónde uno viene, quién estuvo para uno”.