Cinco curadoras puertorriqueñas en el arte neoyorquino | PlateaPR

Cinco mujeres puertorriqueñas que están curando el arte en Nueva York

Marcela Guerrero, Natalia Viera, Isabella Ruiz, Arlene Dávila y Sofía Reeser: sus trayectorias son distintas, pero todas comparten una visión colectiva.

Cinco mujeres puertorriqueñas que están curando el arte en Nueva York

Nueva York es una ciudad que se piensa a sí misma a través del arte. En sus museos, galerías y espacios culturales se construyen constantemente nuevas maneras de mirar el mundo: qué historias se cuentan, quiénes las cuentan y desde dónde se narran. Aquí conviven algunas de las instituciones culturales más influyentes del planeta, pero también una red vibrante de artistas, curadores, investigadores y gestores que expanden continuamente las conversaciones culturales.

En esta ciudad viven más de medio millón de puertorriqueños, una diáspora que ha marcado la música, la política y también su producción artística.

Mapa de instituciones en Nueva York donde trabajan o han colaborado las cinco mujeres puertorriqueñas
Mapa que ubica las instituciones en Nueva York donde trabajan o han colaborado las cinco mujeres destacadas en esta historia.

Entre esos espacios de pensamiento y creación, muchas mujeres puertorriqueñas trabajan hoy desde distintos frentes del ecosistema cultural: museos, universidades, programas curatoriales y proyectos independientes. Desde allí acompañan artistas, sostienen instituciones y ayudan a abrir espacio para nuevas narrativas.

Conversamos con cinco mujeres puertorriqueñas que desarrollan su trabajo en el campo de las artes en Nueva York: Marcela Guerrero, Natalia Viera, Isabella Ruiz, Arlene Dávila y Sofía Reeser. Sus trayectorias son distintas, pero todas comparten una visión colectiva; se ha abierto camino, pero coinciden en que aún falta más representación.

Marcela Guerrero Whitney Museum Bienal 2026 Natalia Viera durante apertura de Future School Isabella Rivera frente al Museo Guggenheim Sofía Reeser Arlene Dávila
Marcela Guerrero

Marcela Guerrero, curadora en el Whitney Museum of American Art, durante la apertura de la Bienal del Whitney 2026. (Suministrada)

Whitney Museum of American Art

Marcela Guerrero Curadora, Whitney Museum

Los caminos hacia el mundo del arte rara vez son rectos. A menudo comienzan con una intuición, una influencia familiar o una forma particular de mirar el mundo. Para estas cinco mujeres, las razones son distintas, pero se encuentran en una de las ciudades más importantes del mundo, New York.

Para Marcela Guerrero, curadora en el Whitney Museum of American Art, el interés por el arte surgió primero desde la literatura. Mientras estudiaba en la escuela superior, una escena de la novela Felices días, tío Sergio, de Magaly García Ramis, donde un personaje hablaba de las pinturas de Matisse, despertó su curiosidad.

«Mi primera experiencia visitando museos fue sin barreras económicas. Me sentía muy segura caminando sola por la ciudad. Fue una experiencia muy íntima».

Whitney Museum Bienal 2026

Bienal del Whitney 2026. (Udo Salters/Patrick McMullan via Getty Images)

El 8 de marzo abrió la Bienal del Whitney 2026, la muestra de arte contemporáneo estadounidense de mayor trayectoria, y una de sus curadoras fue Guerrero. Este prestigioso evento se destaca por su enfoque en la innovación y el panorama artístico actual. Presenta artistas de Puerto Rico, Irak, Canadá, Afganistán, Chile, Hawái, Japón, Filipinas, entre otros.

Natalia Viera durante apertura

Natalia Viera, curadora asociada en la National Academy of Design en Nueva York. (Suministrada)

National Academy of Design

Natalia Viera Curadora asociada, National Academy of Design

Natalia Viera es curadora asociada en la National Academy of Design y también acaba de inaugurar la exhibición Future School, un proyecto compuesto de tres partes: una exposición dinámica, una serie de presentaciones en vivo y un plan de estudios activo de talleres y charlas, que promueve activamente modelos alternativos para la educación artística.

Su camino hacia la curaduría comenzó trabajando directamente con artistas. Hace once años participó como enlace curatorial en la cuarta Trienal Poli/Gráfica de San Juan. Aquella experiencia, dice, fue una verdadera escuela. Desde entonces ha desarrollado una práctica curatorial e investigativa centrada en el arte contemporáneo, especialmente en proyectos que dialogan con prácticas decoloniales, justicia social y ambiental, arquitectura y nuevos medios.

Isabella Rivera frente al Museo Guggenheim

Isabella Rivera frente al Museo Guggenheim. (Daliana Alvarado)

Museo Guggenheim

Isabella Ruiz Gerente asociada en Operaciones, Museo Guggenheim

En el caso de Isabella Ruiz, gerente asociada en Operaciones en el Museo Guggenheim, su entrada al campo artístico estuvo profundamente ligada a la comunidad y al entorno familiar.

«Llego al mundo de las artes por influencia de mi familia».

Esa cercanía con el campo cultural en Puerto Rico y más tarde en Nueva York la ha llevado a trabajar en el área de recaudación de fondos, un rol fundamental para sostener los proyectos culturales que hacen posible muchas exposiciones y programas públicos.

Parte de su trabajo consiste en alinear procesos administrativos dentro de su departamento, organizar eventos y fortalecer relaciones con donantes. Al mismo tiempo, mantiene una práctica curatorial personal.

«El amor y el afán que tengo por mi comunidad, las artes y los artistas me han llevado a trabajar donde estoy hoy».

Sofía Reeser

Sofía Reeser, curadora independiente. (Daliana Alvarado)

Curadora independiente

Sofía Reeser Curadora independiente

Para Sofía Reeser, curadora independiente, el arte está profundamente ligado a las preguntas sobre territorio, hogar y memoria. Creció en Culebra, en una casa construida por su padre después de que la anterior fue destruida por el huracán Hugo. En ese entorno, marcado por la naturaleza y la vida comunitaria, comenzaron a formarse las preguntas que hoy atraviesan su práctica curatorial.

Su historia familiar también influyó profundamente en su mirada. Su abuelo, un arquitecto cubano exiliado, la acercó desde pequeña a reflexionar sobre la relación entre arquitectura, territorio y pertenencia. Con el tiempo, esas inquietudes se transformaron en una práctica curatorial centrada en historias que a menudo quedan fuera de los relatos oficiales: migración, memoria cultural y formas cotidianas de resistencia.

Ese enfoque se ha materializado en proyectos como Historias en The Clemente y en iniciativas como New York Chronicles, además de proyectos comunitarios que conectan arte, archivo y memoria cultural.

Arlene Dávila

Arlene Dávila, directora fundadora de Latinx Project NYU. (Suministrada)

NYU — Latinx Project

Arlene Dávila Profesora de Estudios Latinx en NYU, directora fundadora de Latinx Project

Arlene Dávila, profesora de Estudios Latinx en NYU, autora, directora fundadora de Latinx Project NYU, llegó al campo del arte desde la investigación cultural. Su carrera comenzó en instituciones como El Museo del Barrio y el Museum of Contemporary Hispanic Art en los años noventa, mientras desarrollaba estudios sobre política cultural y representación.

«Mi trabajo siempre se ha centrado en visibilizar aspectos marginados de la cultura latina y puertorriqueña».

Desde la academia, Arlene también ha estudiado ese fenómeno durante años. Su investigación examina cómo las instituciones culturales incluyen —o excluyen— las voces latinas y puertorriqueñas en sus narrativas.

Arlene Dávila en Latinx Project NYU
Arlene Dávila en Latinx Project NYU.

Nueva York como influencia

Trabajar en el arte desde Nueva York significa dialogar constantemente con múltiples escenas culturales. «Es como vivir en el mundo», asegura Marcela Guerrero. «La ciudad funciona casi como una metáfora del propio arte. Los neoyorquinos no se identifican necesariamente como estadounidenses, sino como neoyorquinos».

Esa diversidad cultural, según Natalia Viera, también transforma la práctica curatorial. La ciudad obliga a pensar el arte dentro de un diálogo global constante, donde múltiples historias y contextos culturales se cruzan y se reinterpretan continuamente.

También refuerza la manera de pensar el arte. Según Sofía Reeser, vivir y trabajar en la ciudad ha reforzado una manera de pensar el arte desde la interseccionalidad. «Aquí conviven muchas realidades al mismo tiempo», explica. «Eso te obliga a pensar en capas, en conexiones y en cómo las historias se entrelazan».

Y no solo es un diálogo. Es un espacio de constante aprendizaje y estudio. Para Isabella Rivera, trabajar dentro del ecosistema de museos le permite observar cómo operan otras instituciones, galerías y espacios emergentes. Y Arlene Dávila ve la ciudad como un espacio privilegiado para estudiar la diversidad cultural. «Nueva York funciona como un laboratorio ideal para analizar los procesos de latinización y la diversidad dentro de estas comunidades».

Isabella Rivera frente a pieza de arte
Isabella Rivera frente a pieza de arte.

¿Y cómo consideran que es la participación del arte puertorriqueño y latinoamericano?

A pesar de los avances recientes, la representación del arte puertorriqueño y latinoamericano dentro de las instituciones sigue siendo una conversación abierta. Para Isabella, «el arte latinoamericano y caribeño sigue estando increíblemente subrepresentado». Desde la academia, Arlene también ha estudiado ese fenómeno durante años. «Es una ironía que en una ciudad tan latina las galerías y museos digan que no ‘encuentran’ artistas Latinx».

Exhibición de Latinx Project NYU
Exhibición de Latinx Project NYU. (Captura Latinx, NYU)

Para Marcela Guerrero, uno de los retos es superar categorías simplistas sobre identidad. «Muchas veces la cultura se ve en términos binarios. Como si un artista no pudiera ser caribeño y negro al mismo tiempo».

Si bien se han dado avances importantes, para Sofía la conversación debe ir más allá de la representación simbólica. Y para Natalia Viera, el reto también está en transformar las estructuras institucionales. «El interés reciente en el arte latinoamericano y caribeño es importante, pero debe traducirse en cambios reales dentro de los espacios de decisión».

Mirar hacia el futuro

A pesar de los retos, las tres coinciden en que el ecosistema artístico está cambiando.

Guerrero apuesta a que las nuevas generaciones aprendan a navegar las estructuras de poder dentro del arte con más acompañamiento.

«A las mujeres jóvenes que entran a este mundo laboral, que alcen su voz, que expresen sus opiniones. Que aprendan a leer el espacio y lo que está pasando: cuáles son las políticas de poder. Insertarse cuando tengan la oportunidad. Para mí es también alzar la voz por ellas cuando es posible». — Marcela Guerrero

Reeser, por su parte, señala que ver a más mujeres en posiciones de liderazgo permite imaginar nuevas posibilidades. Y Viera observa una generación de profesionales puertorriqueñas que están reclamando espacio y expandiendo las conversaciones sobre identidad, territorio y cultura.

«Al final, el arte sigue siendo una forma de entender el mundo con profundidad.» — Sofía Reeser