Así se preparan los famosos Sorullo Bites de Meson Sandwiches
Mucho antes de que Meson Sandwiches abra sus puertas, en una planta de Camuy ya se está trabajando. Son las cuatro de la mañana y un equipo ya está listo para cernir harina, preparar una mezcla de quesos y darle forma, una por una, a las bolitas de maíz que más tarde pedirás en el servicarro.
Los Sorrullo Bites llegan a tus manos como el antojo perfecto (dulce, salado y con esa sorpresa de queso por dentro), pero su viaje empieza en la “Ciudad del Son Taíno”, de madrugada y empacados a mano.


Todo empezó con una neverita
Esa operación a gran escala no siempre existió. De hecho, tuvo un comienzo de lo más modesto: un proveedor local que llegó una tarde a las oficinas centrales de Meson Sandwiches en Mayagüez, cargando una pequeña nevera de playa con unos sorullos para que el equipo las probara. Bastó un solo bocado. El producto cumplía con todo: era crujiente, dulce y resolvía una necesidad en el menú: una opción con un toquecito dulce.
Las primeras pruebas en los restaurantes confirmaron lo que el equipo ya se imaginaba. La gente se mudó a las redes sociales a preguntar dónde conseguirlos y por qué no estaban en su Meson Sandwiches más cercano.

Esa acogida, más que cualquier campaña publicitaria, selló el lugar de los Sorullo Bites en el menú. Lo que comenzó en unos pocos locales pronto se extendió por toda la isla.
La receta actual tampoco nació de la nada. El gran reto era mantener el sabor de la cocina de casa pero innovando en un formato bite size. La mezcla de quesos, que combina varios tipos en una sola receta, se trabajó hasta dar con algo distinto. “Y si hacemos una bolita con queso…”, fue la idea que lo arrancó todo. Se creó, se probó, y desde entonces vive en el menú.
De la harina al freezer
Una vez se cierne la harina, el proceso se traslada a la cocina principal, donde se prepara la mezcla de quesos basada en una receta secreta. “Cada uno de los ingredientes se cuida y se integra a la perfección”, explica María Celeste, quien coordina el día a día de la planta junto a su familia.
Luego de confeccionar la masa, las máquinas ayudan a darle la forma redonda y rellenarlas. Ahí es donde entran manos cuidadosas como las de Betzaida, encargada de revisar cada pieza, una por una, antes del empaque.

De ahí, pasan al congelador en tiempo récord para asegurar que mantengan su frescura intacta hasta que lleguen a los restaurantes. En la planta de Camuy, las cerca de veinte personas que componen el equipo se conocen por la función que corren en su estación, cuenta María Celeste.
Está el equipo de cocina midiendo los ingredientes, el de freezer moviendo las cajas al frío y el runner, que se encarga de que a nadie le falte material para que la línea de producción nunca se detenga.
Noviembre a febrero: La temporada más intensa. María Celeste lo describe como un periodo intenso, donde se trabaja a doble turno.
Para María Celeste, lo primordial es la consistencia. “Nos destacamos por la calidad que le damos a los clientes”, afirma. Para ella, esa calidad conecta directo con la nostalgia.
Por eso cuidan tanto lo que hacen. “Mantenemos y respetamos las tradiciones y siempre damos el sabor auténtico”, cuenta. «Nos resaltan siempre que los Sorullos Bites saben auténticamente boricuas. Ese es el propósito».

Betzaida comparte ese sentimiento desde su área en el empaque. “Me siento orgullosa de formar parte de la calidad de este producto, y de que muchas personas estén probando algo en lo que yo he tenido mucha participación”, dice.
La combinación perfecta
La camuyana también confiesa que su debilidad son los Sorullo Bites de desayuno o de merienda, acompañados de un cafecito. “La combinación perfecta”, dice. ¿Su consejo para quien va a probar uno por primera vez? “Que no se va a arrepentir”.
Lo que más le gusta a ella es la textura y la combinación de quesos: cheddar, blanco y otros que el equipo, entre sonrisas, nos dijo que prefiere dejar a la imaginación.



