La Jefa de Tío Carlos: un restaurante familiar en Barranquitas con comida criolla creativa

De un vistazo

Ideal para… Almuerzos o cenas familiares en la montaña, after office, paseo con niños o con adultos mayores amantes de la bohemia.
Ambiente. Familiar, relajado y al aire libre, no se permite fumar. Varios espacios a elegir, incluyendo terrazas con vistas al campo. Juegos para niños.
Accesibilidad. Parking limitado. Tiene tres pisos sin ascensor.
Horario. Miércoles a lunes, 11:00 a.m. a 11:30 p.m.
Precios. Cócteles promedian $12, las tapas y comida van de $6-$20.

En las montañas de Barranquitas, por la ruta del chinchorreo de la PR-152, un nuevo restaurante, que se estrena el 14 de febrero, cuenta la historia de resiliencia de una familia.

Lo que era una vivienda destruida por un derrumbe en el huracán María, pasó a ser un bar y ahora se abre paso como un restaurante con un nuevo concepto, ideal para pasear con niños o con adultos mayores amantes de la bohemia, o para disfrutar de tapas, cócteles y vistas al campo. 

Se trata de La Jefa de Tío Carlos, un espacio con terrazas, coctelería y comida criolla creativa, que renace en lo que era Tío Carlos Bar gracias a una historia de amor. 

La comida es criolla creativa. Tenemos coctelería, bohemia, queremos que sea un ambiente acogedor… El ambiente es familiar, la musiquita suave. Nosotros les decimos de cariño los viejos. Esos viejos llegan aquí, sacan su guitarra, se ponen a cantar, se ponen a tocar y se convierte en un espacio que todo el mundo viene a compartir y a tener recuerdos”, contó a Platea Grisel Ortiz, “La Jefa”, codueña del restaurante y pareja de Carlos Colón, el llamado “Tío Carlos”.

Platea PR

El sazón de Puerto Rico empieza en tu inbox

Guías de restaurantes, eventos y lo que pasa en Puerto Rico, directo a tu inbox todas las mañanas.

¡Gracias!

Comenzarás a recibir el newsletter de Platea de lunes a viernes.

La experiencia

En el primer piso está lo que era el antiguo Tío Carlos Bar, un espacio estilo restaurante con mesas altas y bajas, barra y juegos para niños. En el segundo piso, está La Jefa de Tío Carlos, una terraza sofás y mesas altas, perfecto para tapear y probar cócteles.

Y en el tercer piso tienen El Palomar de Tío Carlos, un espacio al aire libre relajado con un par de mesas y sofás, ideal para deleitarse con el fresco de la montaña. 

Juegos para niños. En el primero y segundo piso cuentan con juegos para niños, ya que el enfoque es que sea un espacio para familias. 

Accesibilidad. El parking es limitado y la mayoría está en la carretera, por lo que debes tener precaución al bajarte. El primer piso es de fácil acceso, pero para el segundo y tercer piso hay escaleras y son al aire libre. 

Precios. Los cócteles promedian $12, las tapas van de $6-$15 y la comida, de $10-$20 por plato. Es comida criolla creativa, con su propio menú de cócteles. 

La comida

El menú de tapas tiene desde bolitas de queso, empanadas de carne ahumada y de pastelón, y macabeos de corned beef servidos con tres piques de La Pícara, hasta alitas, queso fundido y croquetas. 

  • Entre los platos, hay salmón, carne ahumada (típica en Barranquitas), carne frita y acompañantes como malanguitas fritas, amarillos, fufú y tostones, entre otros.

Los cócteles y mocktails 

Conoce algunos de los cócteles y el mocktail para probar en La Jefa de Tío Carlos: 

La familia, lo que une a La Jefa de Tío Carlos 

Luego de que Tío Carlos reconstruyera lo que antes era su casa para abrir un bar en 2021, tuvo que cerrar por razones personales. Años después, su vida se cruzaría con la de Ortiz, “La Jefa”, quien lo animaría a repensar el concepto de ese espacio que tantos recuerdos le dio. 

“¿Y si lo intentas de nuevo, pero esta vez juntos?”, fue la frase de Ortiz que inició este nuevo camino que ahora recorren en familia.

Los gemelos de Ortiz, Rafael José y Ángel Rafael, trabajan en la cocina y en la barra, respectivamente, su ahijada es una de las meseras y su sobrina Marcela crea los postres.

Además, uno de los murales del restaurante, creado por la artista y maestra barranquiteña Jacnel Mercado, está inspirado en el nieto de Ortiz, quien tiene autismo.

“Todo aquí ha sido de familia… Mi nieto tiene autismo y ese es mi corazón. Él plasmó sus manitas (en el mural). Estuvimos una semana ahí tratando para que él lo hiciera, porque es un poquito retante para él, pero es bien emocionante”, dijo Ortiz. 

Mural colaborativo. La empresaria indicó que permitirán que todos los niños con autismo que visiten el restaurante y deseen plasmar sus manos en el mural puedan hacerlo con pintura que les proveerán. “Van a dejar su huella en los corazones de nosotros también”, dijo Ortiz. 

Mural en el que los niños con autismo podrán dejar sus huellitas. (Cindy Burgos)